CARTA DE UN ANCIANO PEATÓN

Querido ciudadano, he envejecido, y por tanto, ya no tengo las mismas capacidades que antes y el mundo va a una velocidad mayor que yo.

Cuando camino por la calle me siento inseguro, en ocasiones inestable porque mi cuerpo ya no va tan erguido como antaño, los huesos me duelen, los zapatos me aprietan, me canso enseguida; mi visión me falla porque ya no veo tan bien como antes, la luz del sol me despista e incluso me puede desorientar; el oído me engaña, es como si llevara esos cascos en los oídos que vosotros lleváis puestos a cada minuto, porque no siempre se corresponde lo que creo haber escuchado con la realidad; los caminos se me hacen más largos y tortuosos, cualquier banzo, escalón o irregularidad es una gran barrera para mí y es porque mi capacidad de reacción y mis reflejos disminuyen sin remedio…

Sin embargo, yo como tú necesito salir a la calle a pasear, tomar el aire, ver la luz del sol y la vida pasar…  la calle es mi gimnasia porque ejercito mi cuerpo y descanso mejor; mi terapia, porque me ayuda a poner en perspectiva mi vida y mis dificultades; mi estimulación, porque cada acción y decisión que tomo me  hacen trabajar el intelecto y la memoria… y con ello ayudo de paso a mi autoestima.

Por todo esto, quiero pedirte un favor: cuando camines cerca de mí, procura hacer este ejercicio de reflexión, y ralentiza unos segundos tu paso para que no me asuste, no tropiece… y si de paso se cruzan nuestras miradas, ten por seguro que te regalaré algo que siempre podré darte, mi sonrisa.

Por tu paciencia y comprensión te doy las gracias, porque tú serás como yo soy…

 

Patricia Zabal Guallart

Pedagoga y Gerontóloga educativa en Evocacognitiva

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